sábado, 6 de julio de 2013

Calma

A veces el viento, simplemente, se va, se marcha, se aleja. Desaparece.

Las velas flamean, se deshinchan, se vacían, cuelgan flácidas, inermes, sin vida. Muertas.

A pesar de tener el máximo de velamen desplegado el barco se detiene, se para, parece desarbolado, triste, abatido, abandonado. Solo.

El día puede parecer magnífico, sol radiante, cielo limpio, sin nubes, hermoso.

Pero a bordo, en cubierta, se instala el desánimo, la rabia, y a veces, incluso, la desesperación. ¿Qué hacemos? ¿Qué podemos hacer? Y pruebas, lo intentas. Cambias velas. Con más, con menos. Pones, quitas. ¿Sin velas?, ¡que locura! ¿Con todas?, ¡imposible!  Repites, vuelves a cambiar. Cabos y más cabos. Cazas, largas. Drizas, escotas, contras. Nada.

Nada.


¡NADA!




Martín Alía: Mar en calma. Oleo/tela. 130 x 97 cm. 2012


Y entonces, cuando después mucho, mucho tiempo, percibes un ligero cambio de color en la superficie de la mar, aunque sea lejos, tras dolerte los ojos de tanto mirar, y sientes en la cara un breve soplo de viento, antes de que esa ligerísima brisa llegue al barco y las velas la recojan, entonces, solo entonces, el ánimo se recupera y, atento, callado, sin ruido, como para no asustar al viento, tomas los cabos con sumo cuidado, con mimo, y ves que las velas empiezan a recoger ese pequeño halo de brisa, a hincharse, y ligeramente el barco bandea, se balancea, empieza a moverse de manera casi imperceptible, pero sí, lo hace, avanza, incluso para asegurarse de que realmente está sucediendo, alguien grita:

-¡Eh!, ¡los de popa! ¡Mirar la estela a ver si nos movemos!

Y sí, en popa ya hemos mirado y visto surgir pequeñas burbujas, una ligera espuma y tras el barco empieza a formarse un camino azul, ligeramente más oscuro, bordeado de pequeñas ondas que nos anima a contestar, ya sin temor:

-¡Si, nos movemos! ¡Navegamos!

Pocos metros después, burbujas y ondas, transformadas ya en olas y espuma forman una estela ancha, agitada, turbulenta, preciosa.

En ese momento sueltas el aire retenido en los pulmones y resoplas. ¡Por fin volvemos a navegar! A sentir el viento en la cara, el movimiento del barco que escora y cabalga airoso sobre las olas, tajando la mar, levantando espuma, fuerte, poderoso.

Y entonces recuerdo esa frase que dice:

“Ningún mar en calma hizo experto a un marinero”

Aunque a veces, aguantar en medio de la calma, es tan desesperante como difícil hacerlo en medio de la tormenta.

Y no solo cuando estás navegando.


lunes, 3 de junio de 2013

El dibujo español en el British Museum.

Bartolomé Esteban Murillo fue un fantástico pintor español que en vida tuvo tanto o más prestigio que Velázquez, pero que hoy en día está un poco olvidado, al menos aquí, en España. En Gran Bretaña, sin embargo, sus pinturas ocupan un lugar de honor en los mejores museos.

Actualmente en el Museo del Prado podemos visitar una excelente exposición  de dibujos españoles conservados en aquellas tierras llamada: El trazo español en el British Museum. Dibujos del Renacimiento a Goya. La muestra está articulada en torno a seis grandes apartados que tienen básicamente una justificación geográfica, a saber:

1.- La importación de prácticas gráficas: Castilla, 1550-1600
2.- Madrid, capital artística, 1600-1700
3.- Andalucía, 1550-1700. Sevilla, Granada y Córdoba
4.- El dibujo en Valencia, 1500-1700. Ribera en Nápoles
5.- El dibujo en el siglo XVIII
6.- Francisco de Goya (1746-1828)

Si empezaba esta entrada hablando de Murillo es por ser el autor de uno de los dibujos más vigorosos y expresivos de la exposición. Con que pocos y frescos trazos un gran maestro es capaz de trasmitirnos toda la fuerza y el vigor de una mirada, de una postura, de un arcángel. Si existen, si existieron, tenían que ser así.


Bartolomé Esteban Murillo. San Miguel Arcángel. Pluma y tinta parda sobre 
lápiz negro, 268 x 189 mm, c. 1655 – 1660. Museo Británico.


No menos interesantes son también tres dibujos de temática religiosa: una cabeza de monje atribuida a Zurbarán, donde se refleja todo el recogimiento interior de una persona que voluntariamente se aísla en un monasterio; un boceto de Alonso de Berruguete para una Asunción de la Virgen claramente influido por Miguel Ángel y una teatral sanguina de  José de Ribera que representa a un Santo atado a un árbol.


Francisco de Zurbarán. Cabeza de monje. Lápiz negro, aguada gris con trazos 
de pluma y tinta, 276 x 195 mm, c. 1635 – 1655. Museo Británico.



Alonso Berruguete. La Asunción de la Virgen. Dibujo a pincel y aguada parda, con pluma y tinta parda sobre lápiz negro, con realces de blanco, 319 x 193 mm, c. 1555 - 1561




José de Ribera. Santo atado a un árbol.  Dibujo, 1626. Museo Británico.



Mención aparte, ¡cómo no!, merece Francisco de Goya, uno de nuestros monstruos pictóricos, que representa (¿se representa?) a Don Quijote acosado por monstruos, en una de sus geniales aguadas directamente emparentada con la conocida: "El sueño de la razón produce monstruos" y también un exquisito dibujo del Duque de Wellington de mirada directa, profunda, como en todos y cada uno de los personajes retratados por el genio.


Francisco de Goya. Don Quijote acosado por monstruos. Dibujo a pincel en tinta 
gris sepia y aguada, 207 x 144 mm, c. 1812 – 1820. Museo Británico.



Francisco de Goya. Arthur Wellesley, primer duque de Wellington. Lápiz rojo 
sobre lápiz negro y graffito, 235 x 177 mm, 1812.185.  Museo Británico.


En el siguiente enlace puede verse la presentación de la muestra por parte del director del   British Museum:








domingo, 26 de mayo de 2013

El Bucentauro y Venecia

En Venecia todo es excesivo. Canales, puentes, palacios. Amaneceres, nieblas, crepúsculos. Máscaras, fastos, humedades. Gentes, góndolas y tiempo, sobre todo tiempo. Tiempo remoto, antiguo, pasado, pero también actual, latente y vivo. Que atrae, envuelve, hipnotiza.

La riqueza y el poder de la ciudad estado veneciana nacieron en el siglo V como una agrupación informal de pueblos entre las marismas al norte del mar Adriático y duró más de mil años. Periodo durante el cual se construyeron la Basílica de San Marcos, el enorme mercado junto al Gran Canal y cientos de magníficas iglesias y lujosos palacios.

Y, como no, cuando Venecia era una de las repúblicas más poderosas, tan marítima, tan marinera, la importancia de los barcos era fundamental y, por supuesto, el más significativo de todos estos navíos tenía que ser el de su máximo dirigente: el Dux
.
El Bucentauro (del italiano buzino d´oro, buque de oro) era el nombre que se daba a la galera que en Venecia llevaba al dux el día de la Ascensión para renovar los votos matrimoniales con el mar Adriático. Esta dorada embarcación de cien pies de eslora representaba todo el poder y el orgullo de una república cuyo dirigente supremo, no solo se concedía el derecho de retratarse junto al papa, sino que además lo hacía a su mismo nivel.




Canaletto: El Bucentauro el día de la Ascensión. 57 x 93. 1743-1745.  
Colección Thyssen-Bornemisza.


Detalle de la pintura anterior


El lienzo de Canaletto muestra uno de los momentos culminantes de la Sensa (“Ascensión”), cuando el Dogo (dux) escupe sobre el Bucentauro para cumplir el rito de las nupcias con el mar. Esta fiesta era el acontecimiento más importante del año para conmemorar la victoria naval del dogo Pietro Orseolo II sobre los piratas dálmatas, ocurrida según la tradición el día de la Ascensión del año 998, y que marcó la hegemonía veneciana sobre el comercio marítimo mucho más allá del Mediterráneo y el Mar Negro.

La fiesta fue enriquecida posteriormente con el rito del matrimonio del dux con el mar. Todas las campanas de las iglesias tañían y los cañones tronaban al paso de la fastuosa embarcación desde San Marcos a la desembocadura del Lido, donde, tras la bendición del patriarca, el dux arrojaba al mar el anillo nupcial para celebrar la unión simbólica con este.

El Bucentauro pintado por Canaletto en esta veduta fue el último construido según diseño de Stefano Conte y talla de Antonio Corradini y más tarde destruido a hachazos por los franceses a las órdenes de Napoleón en Enero de 1798, no solo como saqueo, quedándose con los cientos de libras de oro, joyas y tapices que lo recubrían, también como simbólico gesto político de su victoria sobre tan orgullosa ciudad.



Maqueta del Bucentauro destruido en la invasión francesa que
actualmente se conserva en el museo veneciano del Arsenal


Bucentauro: Antigua ilustración de la galera de los dux de Venecia. Creada por
 Best y Leloir, publicado el Magasin Pittoresque, París, 1840


Como no podía ser de otra manera, semejante embarcación y semejantes acontecimientos sirvieron de inspiración a los más significativos artista venecianos, entre ellos Guardi y Canaletto, algunas de cuyas obras vemos a continuación:



Francesco Guardi: El Dogo en el Bucentauro hacia Sant´Elenail. 66x100. Louvre. París



Canaletto: Retorno del Bucentoro al Molo el día de la Ascensión. 1730.  
Royal Collection. Windsor


Canaletto: El Bucentoro el día de la Ascensión. 1732. Royal Collection. Windsor


Actualmente la Fondazione Bucintoro lo está reconstruyendo en el Arsenal y espera que el buque se convierta en "el museo flotante más visitado del mundo", viendo además el proyecto como un medio para "ayudar a Venecia recuperar su antigua gloria y el antiguo espíritu".  ¡Ojalá pronto veamos el resultado!




lunes, 6 de mayo de 2013

Meditar navegando


La noche pasada, estando de guardia, protegido en cubierta lo mejor posible del frío de este ventoso mes de Marzo, con el paso del tiempo empezó a ser difícil mantener los ojos abiertos y librarse de la somnolencia, lo que puede ser bastante peligroso cuando eres el responsable de la travesía, del rumbo, del barco, y cuando tus compañeros que descansan confían y dependen de ti; me di cuenta que, de forma espontánea, estaba colocado en una posición bastante parecida al conocido asana de yoga “ flor de loto” que completé situando las manos en la posición del pulgar en contacto con el índice, logré de esta forma un estado a medio camino entre la vigilia y la abstracción y así una gran concentración muy próxima a la meditación.

Si, esos momentos estaba meditando y, a la vez, escuchando y sintiendo los sonidos del barco, de la mar, del viento, y sin tensión alguna, alcancé una profunda relajación.






Martín Alía. "Luz en el océano". 94 x 160 cm. Oleo/lienzo. 2007 


La primera vez que me encontré en esta situación fue hace unos años durante la travesía Alicante-Cannes. Estaba tan emocionado, tan agradecido, que lo mejor que se me ocurrió al fondear tras varios días de navegación en la bahía de Saint-Tropez, fue ir a proa y colocándome en la posición del loto, agradecer al universo el regalo que acababa de recibir y que ni en mis sueños más ambiciosos como navegante había pensado conseguir. Allí, sentado, meditando, tras siete días de navegación, en un lugar tan bello, sentí que formaba parte y estaba en completa armonía con el universo.

En esa travesía hubo también otros momentos realmente mágicos. Unas de las noches, mientras Gonzalo, patrón y gran compañero, descansaba en un camarote, y cuando el punto más cercano a tierra era de varios cientos de millas, allí, bajo las estrellas, en soledad casi absoluta, tomé conciencia de la pequeñez del ser humano en medio de tan enorme y grandiosa naturaleza, pero, esa pequeñez, también marcaba la importancia de mi labor; estaba llevando el Barlovento, un barco noble y marinero que surcaba la mar brioso y seguro en demanda de su destino que, aunque lejano, se presentaba asequible y cierto.





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 A veces me pregunto qué sentirá un navegante solitario que cruza un océano, que incluso da la vuelta al mundo en su velero, meses y meses sin ver tierra,  solo con la mar y el cielo. ¿Qué sentirá un transmundista como así mismos se denominan? Para ellos el puerto de destino no es tal, el tiempo tiene otro sentido, una dimensión completamente diferente, de tal manera que, alguno de ellos, al completar la vuelta al mundo no se han detenido y han seguido navegando.



lunes, 29 de abril de 2013

El Mundo de JRR Tolkien en el Instituto Jorge Juan


Del 22 de Marzo al 10 de Mayo de este año 2013 se está celebrando en el Instituto Jorge Juan de Alicante la exposición “El mundo de JRR Tolkien” en la que se muestran figuras, libros, discos, juegos, ilustraciones y diversos y variados objetos relacionados con la obra de este escritor y profesor británico conocido fundamentalmente por su trilogía “El Señor de los Anillos”.

Cartel de la Exposición


Los Argonath a la entrada del centro

Gollum a la entrada de la biblioteca 
donde se exponen ilustraciones, dibujos y mapas

Una de las joyas de la exposición son los tres tomos de la edición pirata que en Estados Unidos publicó ACE Books en 1965 en formato libro de bolsillo, aprovechando un confuso vacío legal sobre derechos de autor y que, a un precio de 75 centavos, mucho más barata que la edición oficial con tapa dura, se vendió rápidamente entre los universitarios, lo que contribuyó en gran medida a la fama de Tolkien en América, procurando al autor, después de varias disputas con los autores de la publicación la nada despreciable suma de 9.000 dólares de la época.

Vitrina con libros, juegos, música, objetos
 y regalos relacionados con del mundo de Tolkien 

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Otro de los objetos destacados de la muestra es una réplica de la espada que Bilbo Bolsón, “El Hobbit”, porta en la película homónima de Peter Jackson recientemente estrenada. Libros, espada, discos y otros muchos objetos expuestos forman parte de la colección de Francisco Sempere, profesor y experto en la obra de Tolkien que ofreció una muy documentada e interesante conferencia titulada “En un examen en blanco vivía un hobbit” en alusión al primer párrafo de la novela en que se basa la película del mismo título.

El profesor Francisco Sempere durante su conferencia


La espada que Bilbo Bolsón, “El Hobbit”

Figuras de gran formato de algunos de los personajes más interesantes de la saga como Gollum o los escultóricos Argonath, más de cuarenta ilustraciones y bocetos realizadas por John Owe, Ted Nasmitd y Alan Lee, posiblemente los artistas que mejor han representado el mundo del Señor de los Anillos, mapas de la geografía imaginada por Tolkien: la Tierra Media, La región del Norte y del Hobbit, más una selección de dibujos realizados por alumnos del centro completan la muestra.

Carteles e ilustraciones


Mapas de la geografía ideada por Tolkien


Dibujos de los alumnos

Esta exposición se fundamenta en otra realizada hace unos años en el instituto Las Lomas de Alicante que surgió a raíz de conocer a Francisco Sempere y que se gestó en dos viajes a Gran Bretaña donde, junto a algunos amigos, compartimos mucho más que unas beers en un pub de Oxford, pero, esa parte de la historia será mejor que la cuente tan ilustre conferenciante, a quién cedo la palabra:

“…el pub no es otro que el "Eagle and Child" , también llamado por Tolkien y sus amigos el "Bird and Baby". También acudían de juerga al pub que hay al cruzar la calle, el "Lamb and Flag". Ambos pubs los conoce usted, incluso la mesa que ellos compartían y que aun se conserva.

Tolkien pertenecía a una peligrosa banda de intelectuales de la no menos recomendable ciudad de Oxford llamados los Inklings, gente con estudios pero sin escrúpulos que se dedicaban al censurable arte de beber cerveza, fumar en pipa, leer los textos que pergeñaban en sus ratos de ocio, y discutir sobre oscuras sagas nórdicas o el sexo de los ángeles. A dicho comando pertenecieron C. S. Lewis, otro catedrático popularmente conocido por su saga de novelas sobre Narnia; su hermano Warnie Lewis, ex-combatiente en la guerra; Hugo Dyson, profesor en Merton College; Charles Williams; Owen Barfield; incluso participó el hijo de Tolkien, Christopher…”

Así ocurrieron los hechos y así surgió la exposición. Si les interesa están invitados.


jueves, 11 de abril de 2013

Mascarón de Proa

El ser humano tiene tendencia a embellecer todo cuanto le rodea. El arte, en ese sentido, posiblemente sea la expresión más excelsa. Un velero es sin duda una de las máquinas más bellas creadas por el hombre y, como no podía ser de otra manera, además de sus elegantes formas aerodinámicas la mayoría de ellos tenían adornos, pinturas y esculturas que, con diferentes fines contribuían a diferenciarlos y enriquecerlos. No en vano eran la imagen de un monarca, un país o un poderoso naviero.


En aquellos tiempos muchos de ellos llevaban una escultura colocada en la proa que dio en llamarse mascarón. Generalmente tenía la forma de un animal de fuerza y fiereza reconocidas como un león o un jabalí, una deidad marina como Poseidón o alguna figura que mostrara la elegancia y estabilidad del barco en el agua o aludiera a su nombre.


La colocación de figuras femeninas se popularizó a mediados del siglo XIX, estando estas vestidas o con el pecho desnudo, reflejando así la creencia de que una mujer medio desnuda era capaz de amansar a los dioses del mar.


Mascarón de la fragata argentina Libertad que representa a una mujer con
 gorro frigio en señal de la libertad tan ansiada por los navegantes y marinos

En la antigüedad los mascarones iban dentro de la nave con doble función; por una parte con simbología religiosa y por otra captando el espíritu y la esencia de la embarcación. Inicialmente era la cabeza de un animal sacrificado a los dioses del mar para ganar su favor en la travesía, siendo sustituida más adelante por una talla colocada en la proa.


Los egipcios llevaban a bordo la figura de un pájaro para que mantuviese la guardia y además pintaban ojos en las amuras de sus barcos, como también hicieron más tarde los griegos. Los vikingos tallaban estilizadas figuras de animales fantásticos en el remate de proa de sus estilizadas naves. Todo ello venía a significar que la figura allí colocada con la vista en el horizonte se mantenía siempre en guardia. Aunque, dada su legendaria superstición, los marineros cortaban la cabeza de un mascarón cuyo barco hubiera naufragado, para evitar que otro navío empleara un símbolo que de forma tan evidente hubiera fallado en su deber.




Mascarón de proa de un barco vikingo




Mascarón del galeón Santísima Trinidad, cuya replica se 
encuentra actualmente amarrada en el puerto de Alicante.



La diosa Minerva en el mascarón de proa del buque 
escuela español Juan Sebastián Elcano


Pablo Neruda fue un gran coleccionista de estos objetos en su famosa casa de Isla Negra. Allí, colocados frente al Pacífico, tenían un halo poético con aroma de misterio, como esas estatuas de divinidades antiguas y perfiles castigados por el tiempo.



Medusa, uno de los mascarones de la casa de Pablo Neruda

Cuando los vapores fueron sustituyendo a los grandes veleros los mascarones cayeron en desuso, aunque actualmente han vuelto a ser recuperados por los buques escuela y las grandes navieras.




martes, 26 de marzo de 2013

Naturaleza quieta


El término bodegón es puramente español y se emplea para identificar a una representación pictórica de diferentes elementos que tienen que ver fundamentalmente con la comida, generalmente en un interior, que podemos identificar con una cocina o una bodega, de ahí la expresión.

“De la vida doméstica. Bodegones flamencos y holandeses del siglo XVII” es una pequeña pero preciosa exposición que puede verse  este mes de Marzo en la sede madrileña de la fundación Juan March.


Osias Beert. Bodegón con nautilus y frutas en un plato Wan-Li , h 1610-15 

Willen Heda. Bodegón con copa Römer, panecillo y limón, 1640-43.

Estilleven” es un término flamenco con el que se denomina este género pictórico, y cuya traducción exacta sería naturaleza quieta, sin embargo aquí decimos naturaleza muerta. ¿Por qué? Creo que es debido a esa carga oscura y negra que tiene la pintura española desde el renacimiento. No es lo mismo quieto que muerto, ni mucho menos y aquí es, sin duda, un reflejo de la tremenda influencia de la religión en nuestra pintura, y no solo en los bodegones, también en el paisaje y en el retrato. Personajes serios, tristes, torturados, terribles, llenan gran parte de la pintura religiosa española y nuestros bodegones son, también en gran parte, serios tristes y oscuros. Muestra de ello son las obras de uno de nuestros mejores representantes en este género: Zurbarán.

Zurbarán. Naturaleza muerta con jarras y tazas, h 1630-1635.

No en vano el clero era el principal cliente. Sirva como ejemplo El Greco; griego de nacimiento y formado en Italia, cuando llega a España su pintura está llena de luz y color pero, en poco tiempo, tras establecerse en Toledo, sus cuadros, aunque afortunadamente conservarán preciosos amarillos y cálidos carmines se tornan cada vez más sombríos, de fondos oscuros y personajes atormentados. Lo mismo ocurre con Ribera, también formado en Italia, donde era llamado “el españoleto”, y quien, con sus brutales contrastes y sus fondos fundamentalmente negros se convertirá en uno de los máximos representantes de nuestra pintura tenebrista.

Disfrutemos ahora en el siguiente vídeo de esos quietos bodegones que a pesar de haber sido pintados en tierras del norte están llenos de equilibrio, matizadas luces y cálidos colores.